Lantia

algunos retazos del día a día

Un día te quise siempre 25 mayo 2010

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Déjame esta noche… soñar contigo.

Déjame que te espere… aunque no vuelvas..

(Zenet, soñar contigo)

 

A veces le intuyo. No sé, quizá me equivoque, pero creo que sigue pensando en mi. De lo que sí tengo la certeza es de que hay momentos en los que ha buscado mi rastro.  

Le he vuelto a soñar despierta. Ayer cayendo la tarde, de vuelta a casa en transporte público, le tuve presente. La bahía se mostraba en el momento de su máxima belleza, podía verla a través de la ventanilla, con esos colores que nos regala el atardecer por estas latitudes, rojos, naranjas, oro y fuego..  tonos cálidos, como él. Escuchaba a Zenet,  la canción que sonaba armonizaba con el paisaje, con mis sentimientos, y en silencio tarareé el estribillo: “Es que yo… un día te quise siempre”. Es lo que sentía, lo que he sentido siempre. Mirando a la mar los ojos se me llenaron de lágrimas, luchando por salir. Fue algo inesperado, pero que logré contenerme, como lo hago cada vez que pienso en él,  como en los momentos que siento el impulso de llamarle.

 

Y va a ser eso, que le he querido siempre, demasiado, que una parte de mi aún le quiere, por más que me empeñe en enterrar ese cariño. Siempre lo he negado, hasta a mi misma, pero esos pellizcos amargos de añoranza , ese ahogo en la garganta, esas lágrimas que ya no salen pero queman me echan en cara cuanto le echo aún de menos. Jodida añoranza…

 

Había días en los que me sentaba en la bañera de mi barco mirando a la puerta del pantalán, soñando, esperando quizá que llegara con ganas de zarpar, dando por hecho que venía a cumplir con una promesa pendiente.…  Es curioso, ya no quiero estar en la mar con él. Lo más sorprendente es eso, que hasta hace nada seguía esperándole, serena, tranquila, todo lo contrario de mi modo de ser, que nunca tuve paciencia, ni aguante, que siempre fui impulsiva a más no poder.. Y amanece un día, sin saber por qué,  pero segura de que cometiste un error, o muchos a la vez, y el peor de ellos fue aferrarse a un recuerdo, una vana ilusión.

 

 

Bah, empiezo a cansarme de estos ataques melanólicos, sin quererlo él ha estado presente en algunos ratos vacíos, demasiado presente. Por un lado desearía no haberle conocido, o mejor aún, haberle podido borrar de mi vida con facilidad, sin contemplaciones. Por otro ha sacado tanto bueno de mi que no me importa que de cuando en cuando se cuele en mi memoria.  Sea como sea, lo único que sé a ciencia cierta es que ya no tiene cabida en mi vida, no hay amarres libres en mi puerto, ni tan siquiera en el muelle de espera. 

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Añoranza 7 agosto 2009

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Dali mujer en la ventana

En tu silencio habita el mío y en alguna parte de mi cuerpo habitó un trozo de tu olor  (Bebe)

 

 

Te echo de menos, no puedo evitarlo.

 

Echo de menos los buenos ratos, los buenos tiempos en los que estar contigo suponía un descubrimiento tras otro, una reflexión, una ilusión. También una desilusión.

 

He abierto el correo y te iba a mandar un mail. Pero me he echado atrás y  lo he borrado.  Hoy dudo si lo mereces, si mereces que aún te tenga tanta estima, si aún  merezco esa actitud.

 

No debería a estas alturas preocuparme por ti, preguntarme si estarás bien, si serás feliz. Pero lo hago, no puedo evitarlo. Sigo de cuando en cuando  mirando a la mar esperando tu regreso.

 

Es jodida la añoranza. Muy, muy jodida. Más lo es el silencio

 

Aniversario 3 agosto 2009

Filed under: General — Lantia @ 11:31
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corazon-a-la-deriva

Camino despacio pensando volver hacia atrás,
No puedo en la vida las cosas suceden no más…
Aún pregunto qué parte de tu destino se quedó conmigo,
Pregunto qué parte se quedó por el camino

Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte
Tenía tanto amor, guardado para ti…

Tenía tanto que a veces maldigo mi suerte..
A veces la maldigo…
Por no seguir contigo…

 19 de julio

No puedo decir que fuera una noche como otra cualquiera. No, era una noche muy importante, para mi la que más en muchos años. Lo malo es que en mi maleta llevaba muchos fantasmas del pasado, monstruos de los que no lograba zafarme.

Todo estaba planeado. Preparé una cena en la playa, sería una sorpresa, creo que tal y como lo organicé iba a ser una gran sorpresa. Pedí que organizaran algunas cosas que se me escapaban, tales como el tema del menú. Lo de las latas y el bocata me parecía algo cutre para una ocasión tan importante, así que pregunté en el hotel. Se harían cargo de todo, sin problemas. Delicatessen que les llaman, para que el picnic playero fuera de lo más especial. Sabía que le gustaba el cava, a mi también.  Tiré la casa por la ventana y no escatimé en gastos, quería lo mejor, él lo merecía.

Llevé conmigo parte de mis raíces, reflejadas en forma de barco. Un viejo pescador, tan viejo que navegó con mi abuelo antaño, hizo una réplica de una antigua embarcación. Me entregó el barco de mi abuelo en pequeño. Por un lado quisiera haberlo guardado como un tesoro por el resto de  mis años, pero por otro era un presente especial para alguien que lo merecía más que nadie, que lo sabría valorar. Por último una pequeña cajita de plata. Dentro una llave, la de mi barco, nuestro barco, pues consideré que era tan suyo como mío, sin él no sé si lo hubiera logrado. Le estaba tan  agradecida… y esa llave era un símbolo especial, era una muestra de que todos mis logros en cierta medida eran los suyos también.

Lo confieso, disfruto planeando sorpresas, me gusta cuidar los detalles intentando conferirles a cada una un significado. No se trata de que sean detalles bonitos, sino de que tengan historia propia, que cada una sea el testimonio de algo. Por eso esa no era una sorpresa más, era… no encuentro palabras para describir lo que representaba para mi. ¡Tenía tanto que….!.

 Esa noche  la luna acompañaba, estaba plena, iluminando la noche. Pero no vino, y esa puta blanca y oronda fue testigo. Ya la tarde- noche anterior se lo dije, lo sabía.  “¿No te voy a volver a ver más . Pregunté AUNque ambos sabíamos que era una afirmación. Lo supe, esa era la última vez, y a pesar de todo no me resistí a la verdad. También sabía que en el fondo mi presencia allí no era por ese cariño que pensaba que nos unía. Tenía un papel que representar allí, era el cebo para aumentar el aforo al espectáculo. Claro que era consciente, y me dolía saberlo, pero lo asumí, era bueno para sus intereses, y a nadie dañaba eso. Hubiera preferido pasar desapercibida, que nadie supiera de mi presencia, de mi supuesto logro. Lo único que realmente me importaba era poder sentarme a su lado y hablar, compartir como tantas veces lo habíamos hecho durante años.

Esa noche, la noche que nunca apareció me fui a la playa acompañada de una carísima botella de cava. ¡Y pensar que con lo que valía esa botella una familia podría alimentarse un mes! También iba conmigo la réplica del barco de mi abuelo. Sabía que era algo único, ese hombre ya era muy mayor, y le quedaba poco cuando lo empezó. No me equivoqué, falleció el invierno pasado, ya nadie podría hacer algo así.

Y ahí estaba, sola, completamente sola, sentada en la playa. Algo que tantas veces he hecho con gusto, en esos momentos era un modo terrible de atormentarme. Si me preguntaran que es la soledad más absoluta, les diría que es una amargura que te rompe por dentro, la que a mi me rompió esa noche.  No estaba rota por él, por su ausencia, sino por mi misma. Hice un amargo balance. Supe entonces que los fantasmas me habían ganado la partida, que estaba ahí en ese estado porque yo lo había permitido. No tenía culpa él, ni el pasado, la culpa fui yo que no supe solucionarlo a tiempo.  

Dios como lloré, como llegué a quebrarme en mil pedazos. ¿Qué había hecho con mi vida? ¿Cómo pude llegar a quererlo? ¿Cómo había llegado hasta allí?

Amaneció en esa playa. Pero no vi ninguna luz, seguía allí,  inmersa en la más completa oscuridad. Era el día de mi partida. Desde el espigón eché el barco de mi abuelo a la mar. El no lo quería, yo… yo solo quería huir, quisiera haber sido como ese barco, hacerme a la mar esa noche, y no volver. Por instantes pasaron por mi cabeza ideas que la cobardía me hizo desechar.  Ese pequeño barco fue alejándose, poco a poco, portando todas las ilusiones que me habían llevado hasta allí. Sólo quedaba yo en esa playa. Yo y mi amargura.

No veía la hora de regresar. Haciendo la maleta sabía que nunca nada volvería a ser lo mismo, que algo en mi se había roto para siempre. Las  únicas ganas que me movían eran las de destruir todo lo pasado.  No lo pensé, eliminé Arrecifes, el lugar que desde hacía tantos años había sido mi refugio. Alguien  me acompañó al aeropuerto. Ignoraba qué me sucedía, pero encontró a una mujer destruida. Aún así no preguntó, demostró ser inteligente y respetuosa con mi dolor. Fue algo sabio, las personas que estamos en ese estado no encontramos consuelo de ningún tipo y nunca hay frases acertadas

 La hora escasa que duraba el vuelo de retorno fue interminable. Traté de contener las lágrimas, cosa harto difícil, cerré los ojos y aguanté ese nudo que apretaba mi garganta. Mi gente esperaban al llegar preocupados. No sabían qué ocurría. Nada bueno, pero no consiguieron sonsacarme nada. Ni tan siquiera deshice la maleta. Me fui directa a la cama. Bajé las persianas y allí permanecí varios días, a oscuras en todos los sentidos.

Los días que siguieron fueron una interminable pesadilla. Seguía con ganas de alejarme de todo,  quería huir, escapar de tanto dolor, pero no había donde ir, estaba acorralada, toqué fondo del todo. Durante esas horas  interminables, esos días sólo pensaba en algo, en esa promesa que me hizo de navegar conmigo. Fue una promesa en firme, él era un hombre de palabra. Tocaba desprenderme de mi barco, no quería volver a navegar,  no quería soñar. Lo puse en venta sin dudarlo.

Me armé de valor y logré hablar con él. Lloraba, lloró como un niño desconsolado por el daño que le había causado. Y a pesar de todo me pidió que no me deshiciera de mi barco, que era mi sueño .¿Qué sueño? Soñaba con navegar con él, ni que fuera una noche. Ya había perdido esa capacidad, ya no habían sueños. Aún así no lo vendí, siempre creí que ese barco  era el fruto de tantas charlas, sus enseñanzas, consejos, apoyo. En cierto modo era algo de los dos y no quería hacerle más daño, ya había sido demasiado.

Traté de poner un parche a todo el caos provocado. Escribí a una mujer la carta más dolorosa que nunca se haya escrito. Es curioso, tan rota estaba que pensé que nada me podría dañar más. No fue así, eso acabó de rematarme. A partir de ese día me convertí en un ser sin alma.  Volví a mi rutina, vivía, respiraba automáticamente, pero no sentía, no había nada, solo dolor.

Los siguientes meses fueron un descenso al infierno, la oscuridad reinaba. Llegó la enfermedad, pero realmente daba igual, todo daba igual. Era como una bola que crecía y crecía, arrasando con todo. Había tocado fondo, sentí estaba muerta en vida, no tenía ganas de nada, no había ni una sola ilusión, ni un solo motivo para hacerme sonreír. Solo era una autómata sin alma, que llevaba la rutina diaria por inercia, trabajo y dormir, trabajo y dormir. Nada más. Pedí ayuda, claro, pero ¿Cómo ayudarme si mis ganas de vivir, de sentir se habían extinguido?

Quizá fue el dolor de mi familia, el de la gente que me quiere lo que me hizo reaccionar.  Muchos amigos de siempre, de la niñez, la juventud acudieron, fue un revuelo a mi alrededor el que se montó. Mi vergüenza era máxima. Nadie nunca supo de mi, de mis miedos, de mis cosas. Por más que la gente crea que me muestro demasiado escribiendo a nadie le contaba mis cosas, excepto a él. Y él ya no estaba. Sin embargo a los que me querían les daba igual saber o no. Solo querían sacarme del pozo donde estaba.

En ocasiones le busqué. Mis sentimientos hacia él eran contradictorios. Había rabia, pena, dolor. Me sentía engañada, utilizada, no creí que pudiera darme la espalda, no entonces. Y añoranza, una  maldita ausencia que había creado un vacío enorme. Pero no le encontré, no quiso salir. En el fondo intuía que era feliz, que le vino bien todo lo que pasó, pues de lo malo, tras esa carta consiguió su propósito. Quien sabe, es casi seguro que eso lo acelerara todo, tal vez supuso un empujón a algo que de otro modo hubiera sido más frío. Sin estar previsto con una carta le expuse todo abiertamente, y ella inducía a tener que dar un paso adelante. Sin embargo a mi me supuso un retroceso, porque sí decía grandes verdades, pero algunas a medias. Fue bastante humillante tenerme que abrir de ese modo pero lo hacía con la certeza de que funcionaría, de que a él le beneficiaría pese a todo lo sucedido. No, no escribí para arreglar algo roto, escribí para que él consiguiera lo que anhelaba. Si al menos supiera que ha respetado mi intimidad, si me hubiera defendido, si no hubiera dado lugar a tener que hacer uso de eso… Pero estaba claro, yo no importaba nada en ese momento, nada. Lo que hoy opino al respecto es algo que me guardaré para siempre, al fin y al cabo he sido útil y todos ganaron… excepto yo.

 Los últimos meses han sido una auténtica batalla contra mi misma, contra el ser en el que me había convertido. Ha sido durísimo, me ha costado mucho salir. No era sólo plantearse una meta. Me esforzaba todos los días en levantarme, vivir suponía un terrible esfuerzo, intentaba sonreír cuando solo tenía ganas de llorar. Me obligué a salir, hablé con los amigos de verdad. Seguía sin entrar en detalles de mi pasado, pero aprendí a pedir ayuda. Es muy difícil hacerlo. Miguel ha sido junto a mi familia un gran apoyo. Largas, larguísimas charlas, de la vida, de las ilusiones. Grandes consejos, gratos ratos, en su barco, en el mío, en mi casa… Tener a alguien que vive a tantísimos kilómetros tan pendiente, preparado para salir disparado en cuanto me veía caer. Porque caí, varias veces, nadie dijo que lo arreglaría a la primera, ni a la segunda, ni…

Pero lo he arreglado, he salido al fin. Ahora sé pedir ayuda, sé rodearme de gente cuando mis fuerzas flaquean. Me encuentro serena, y solo aspiro a vivir en paz. Soy consciente de algunas cosas que antes no quería pensar. Han sido muchos los balaces, me he sentido usada en ocasiones, me he sentido muy fea, por dentro y por fuera. Me hizo sentir muy poca cosa, sé de sobra que lo hizo sin querer, nunca tuvo malas intenciones, no es mala persona.

Ahora las cosas han cambiado, me serené, enfrié una parte del corazón que quemaba, aún lo estoy haciendo, no por nadie, sino por mi. Solía conseguir lo que me propusiera, esta no va a ser más difícil que otras metas. Ahora toca cuidar de mi, nadie lo hará mejor que yo.

Cometí un terrible error, me abrí, por completo a alguien. Llegué a confiar plenamente en él. Le ofrecí mi corazón sin preguntar si lo quería. Sentía devoción por él, rara vez se llega a querer de ese modo a una persona, Ofrecí todo, no hablo de amor, sino del cariño más puro que se pueda tener, de admiración, lealtad, sinceridad. Cuando tienes completa fe en alguien y se rompe esa fe te parte en dos, pero con suerte ves que lo importante es uno mismo, que quizá alguien no merezca recibir tanto. Fue mi error, de nadie más.

Ahora, pasado lo peor y con la mente fría, me alegra que no se acercara a ese infierno, habría sido peor. Me decía a mi misma, a la gente que estaba mejor, pero era mentira, y se veía a la legua. Hoy puedo decirlo, hoy sí. He salido, y no ha estado a mi lado, ni tan siquiera se preocupó lo más mínimo. Lo conseguí sola y al fin me convencí de que me engañaba a mi misma, de que me aferré a alguien porque creí que por mi misma sería incapaz. Todo ha quedado atrás, desgraciadamente él también.

Mi barco, ya no es lo de antes. Ya no tengo tantas ilusiones volcadas en él. Navegar ya no es lo mismo, apenas lo hago. Siempre que voy a puerto, siempre que suelto amarras y salgo a la mar recuerdo esa promesa que me hizo: A finales de agosto navegaría conmigo. ¿Cómo puede tener tanta importancia una promesa? pero la tenía, nunca jamás se lo pedí,  y era algo que deseaba, pero tenía que salir de él.  Y eso supuso un mundo, una simple promesa cambió mi mundo. Aún pienso en ella, ya ves, no puedo evitarlo, un pellizquillo de tristeza pinza ahí dentro. Pero sigo adelante, trato de no mirar atrás excepto para no olvidar que nunca he de permitir que vuelva a pasar.

Hoy he vuelto a llorar escribiendo esto.  Pero al fin he vuelto a escribir, no para nadie, sino tan sólo para mi, nadie ha de entenderlo, basta con que yo lo sepa y lo diga en voz alta. Hacía tanto que no me abría en este medio, que en cierto modo es abrirme conmigo misma. Confieso que lloro al hacerlo, que he tenido que parar mientras escribo más de una vez para coger aire, para no permitir que el dolor enturbie mis pensamientos. Es irremediable la pena ante algunas cosas, pero es algo que ya no me domina.

Ayer pedí un deseo: que se esfumara el rencor.  Ojalá no me lo guarde. Ojalá no lo sienta yo.  Ojalá supiera que me ha perdonado, que no me odia. Hay un trozo muerto en el corazón. Murió ese día, lo tapé con esa promesa no cumplida. Sigo mi camino, tratando de llevar la cabeza alta. Es difícil tras todo lo que he dejado atrás ir recta, pero soy tenaz, tanto que vuelco todo mi esfuerzo en esquivar los baches.

Poco a poco sonrío, a veces casi he vuelto a sentirme feliz. Nada será nunca como antes, algo dentro ha cambiado, ya no me ilusionan tanto las cosas ni espero o creo nada de nadie, me he vuelto terriblemente excéptica, lo sé, pero he logrado superarme como persona.  Resulta irónico, tras tanta calamidad, ansío unas palabras amables, recuperar a un amigo y saber que el rencor se ha alejado. La añoranza está muy presente en mi vida, no hay día que no intente olvidarlo, pero no puedo. A veces sueño despierta, que volverá a aparecer como ese primer día, que todo empezará desde cero, borrón y cuenta nueva. Miro el ordenador, el móvil, espero… no es mala la esperanza, me niego a perderla, no por él, es por mi. Perdería mi fe en las personas de lo contrario, y aún tengo fe, aún le tengo por una de las personas más especiales, si no la que más, de todas aquellas que se cruzaron en mi vida. No puedo, y no quiero olvidarme, no es algo racional, es algo que manda el corazón. En el momento que lo hiciera este corazón no albergaría ninguna ilusión más.

Mientras continuaré luchando por esa serenidad que tanto me ha costado tener, el precio ha sido demasiado alto,  pagué muy caro por ver la vida como ahora la miro, pero a cambio soy un poco más sabia. Y seguiré olvidándole, mientras espero y sueño,  todos los días, como lo he estado haciendo desde hace un año